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El creciente riesgo para niños, niñas y jóvenes en Cali y la región del Pacífico

La ciudad de Cali y la región del Pacífico adyacente se encuentran desde hace décadas entre las zonas más afectadas por el conflicto armado en Colombia. Sin embargo, en los últimos años la situación para niños, niñas, adolescentes y jóvenes se ha agravado de manera significativa. Varios factores estructurales, políticos y de seguridad se concentran en una crisis compleja que afecta de forma particular a la población joven.

Cali se ubica histórica y geográficamente en un corredor central del narcotráfico. La cercanía a la costa del Pacífico, la rápida conexión con los puertos y la densa red de rutas formales e informales de transporte de drogas convierten a la ciudad en un espacio estratégico para actores criminales armados. Las estructuras organizativas activas en Cali ya no se limitan únicamente al narcotráfico. Operan y controlan el comercio de madera, el tráfico de armas, la trata de personas, la extorsión, así como el control de los sectores del transporte y el inmobiliario, a través de los cuales se lavan ingresos ilegales. Especialmente en el contexto de las próximas elecciones presidenciales del próximo año, el entorno de seguridad se ha deteriorado aún más.

Lamentablemente, el conflicto armado entre el Ejército y las disidencias de las FARC en el suroccidente de Colombia se ha intensificado. Investigaciones muestran que este grupo disidente, que nunca firmó el Acuerdo de Paz de 2016, cuenta con aproximadamente 3.000 combatientes, entre ellos numerosos niños, niñas y adolescentes.

En octubre de 2025, en el corregimiento de Robles, en el municipio de Jamundí, se produjeron en pleno día enfrentamientos armados y ataques con drones contra una estación de policía. Videos grabados con teléfonos móviles por miembros de nuestras comunidades muestran cómo niños y niñas en la escuela se tiran al suelo para protegerse y no ser alcanzados por balas perdidas. Ataques contra fuerzas de seguridad del Estado en medio de la población civil, bloqueos de carreteras, toques de queda, atentados con bombas y carros bomba se han vuelto parte de la normalidad en esta zona del sur del Valle del Cauca, a menos de 30 kilómetros de Cali.

Sin embargo, los ataques de las FARC-EP no se limitan a esta región. El último ataque en un entorno urbano ocurrió el 10 de junio de 2025, cuando el grupo armado se atribuyó una serie de actos violentos en Cali y sus alrededores. Ese día se produjeron explosiones por carros bomba, drones, disparos y ataques contra estaciones de policía, en los que murieron siete personas (dos policías y cinco civiles) y unas 28 resultaron heridas (fuente: El País España, 10 de junio de 2025, https://t.ly/vbxIB). Tres barrios en los que trabajamos como Pastoral Afro se vieron afectados, lo que implica mayores medidas de seguridad en nuestro trabajo.

Esta violencia vinculada al conflicto armado coincide con un lamentable aumento de los homicidios en los primeros meses de este año en Cali. Entre enero y octubre de 2025, los homicidios en Cali aumentaron alrededor de un 10 % en comparación con el año anterior. Según datos oficiales del Observatorio de Seguridad de la Alcaldía, en los primeros diez meses del año en curso se registraron 877 homicidios, la cifra más alta de los últimos cuatro años. La Alcaldía de Cali y la Policía han informado de un aumento de operativos, incautaciones de armas y capturas para contener la violencia, pero las cifras siguen siendo elevadas. La tasa de homicidios en los barrios precarios y empobrecidos es especialmente preocupante, sobre todo entre jóvenes de entre 16 y 29 años. Este tipo de violencia se debe a disputas territoriales entre bandas criminales y a asesinatos por encargo.

La Alcaldía espera cerrar el año con menos de 1.000 homicidios, aunque este objetivo está en riesgo debido a la violencia históricamente alta en diciembre. Esto significa que, en promedio, casi tres personas mueren cada día en Cali. Solo como comparación: en Berlín se registraron 117 homicidios en 2024. Por ello, observadores de la situación de seguridad en Cali hablan con razón de un “juvenicidio”, es decir, la muerte violenta de jóvenes a gran escala como consecuencia de desventajas estructurales.

Juntos somos más fuertes en la lucha contra el reclutamiento y la violencia entre jóvenes

Niños, niñas y adolescentes pertenecen a los principales grupos objetivo de los grupos armados que han ampliado considerablemente su presencia en la ciudad en los últimos años. Según datos recientes, actualmente existen alrededor de 112 grupos armados en Cali que operan en distintos barrios, controlan territorios y dominan actividades económicas informales e ilegales. El reclutamiento de jóvenes suele producirse de manera gradual. A los niños y niñas se les involucra desde temprano en mandados, labores de vigilancia o redes locales de microdistribución. Estas actividades aparentemente inofensivas sirven para acostumbrarlos a estructuras ilegales y construir lealtades. Posteriormente, los adolescentes son presionados o reclutados abiertamente para formar parte de estructuras armadas. La violencia, la intimidación y la precariedad económica desempeñan un papel decisivo en este proceso.

Una gran parte de la población joven crece en barrios donde predomina la falta de perspectivas. Los programas sociales, las oportunidades de ocio, los espacios culturales o el acompañamiento psicosocial son escasos o no llegan a los grupos objetivo. Los problemas estructurales incrementan la vulnerabilidad, entre ellos el alto desempleo y la falta de oportunidades educativas. Resultan especialmente graves los sistemas familiares cada vez más disfuncionales y sobrecargados. En muchos hogares apenas existen vínculos emocionales estables. Las familias funcionan más de manera pragmática que protectora, de modo que niños, niñas y jóvenes buscan comunidades alternativas. Esta combinación hace que los grupos ilegales a menudo sean los únicos que ofrecen pertenencia, ingresos, protección y reconocimiento.

Desde este año, el Observatorio de Realidades Sociales investiga un nuevo y alarmante fenómeno de violencia denominado güireo. Se trata de enfrentamientos, en parte extremadamente violentos, entre grupos de adolescentes y niños. Los conflictos se libran con frecuencia con machetes, cuchillos y otras armas improvisadas. De manera regular se producen heridas graves e incluso muertes. El güireo muestra con brutal claridad hasta qué punto la violencia se ha convertido para muchos jóvenes en una forma cotidiana de expresión, lo que indica crisis estructurales, emocionales y sociales más profundas.

Como respuesta a esta compleja situación, varias organizaciones del suroccidente de Colombia han puesto en marcha conjuntamente el programa de prevención de la violencia con perspectivas para niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Las soluciones no deben decidirse por encima de los jóvenes, sino desarrollarse junto a ellos, colocando sus voces, necesidades y perspectivas de vida en el centro. Intentamos entrar en contacto directo con los jóvenes antes de que lo hagan los grupos armados. Debemos crear espacios basados en la confianza donde niños, niñas y adolescentes puedan hablar sobre sus realidades de vida. De este modo pueden desarrollarse nuevas perspectivas vitales que representen alternativas reales a las ofertas de las estructuras ilegales.

El Observatorio de Realidades Sociales apoya el desarrollo, junto con las demás organizaciones socias, un enfoque integral centrado en la no violencia, la objeción de conciencia al servicio militar y la prevención del reclutamiento de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Este programa tiene como objetivo promover estrategias en iglesias, comunidades de fe y organizaciones juveniles para impedir el reclutamiento de menores por parte de actores armados legales e ilegales. La cooperación debe permitir el aprendizaje mutuo y generar sinergias para lograr cambios también a nivel regional y nacional. Porque cuando cada organización trabaja de manera aislada, su impacto permanece limitado a lo local.

Entre las medidas más importantes de este programa se encuentran el acompañamiento jurídico de objetores de conciencia al servicio militar, la formación pedagógica en no violencia y prevención del reclutamiento, así como el trabajo de incidencia política para exigir la garantía de los derechos fundamentales. A finales de noviembre, por ejemplo, participamos en un encuentro juvenil regional organizado por Justapaz en el que se abordó la ratificación de la Convención Iberoamericana de los Derechos de los Jóvenes. Con ello se busca generar mayor visibilidad pública y sensibilizar a las instituciones estatales sobre la problemática, ya que son estas las que pueden tomar decisiones políticas a favor de la prevención de la violencia, la educación y las oportunidades laborales.

Enfoques concretos del trabajo con jóvenes en Cali

El diplomado “Pedagogías comunitarias, territorialidades y paz” es una oferta con más de 40 estudiantes, que brinda un espacio de reflexión e intercambio de experiencias, con énfasis en los procesos colectivos, el fortalecimiento del trabajo barrial y la consolidación de la paz desde una perspectiva local. Los participantes aplicaron métodos participativos para comprender, influir y transformar sus contextos específicos en los barrios, naturalmente incluyendo a los habitantes. Porque cuando un barrio se mantiene unido y recupera de manera colectiva parques y espacios públicos, a los actores ilegales les resulta más difícil afianzarse y reclutar jóvenes o inducirlos al consumo de drogas. Este trabajo de sensibilización es uno de muchos enfoques para hacer frente a la violencia urbana en Cali.

Un enfoque similar, con otros medios, sigue la Pastoral Afro en su trabajo con jóvenes. Cada año, jóvenes organizan para jóvenes la llamada Gran Travesía Juvenil, en referencia a la travesía de las personas esclavizadas desde África hacia América Latina. En septiembre participaron 60 jóvenes de comunidades urbanas y rurales de la Pastoral Afro. Mientras que en años anteriores se trataba más bien de una transmisión vivencial de conocimientos sobre el origen de las comunidades negras en África, la esclavitud y la resistencia, esta vez el tema central fue la resiliencia. A lo largo de los dos días, los jóvenes trabajaron en liderazgo, expresión oral, identidad afro y el fomento del pensamiento crítico a través del arte. Lo particular de esta experiencia es que los jóvenes conocen sus distintos territorios y culturas. Mientras que jóvenes de zonas rurales desarrollan una conciencia de sus territorios afro con una larga tradición histórica de resistencia, otros jóvenes solo conocen su barrio, de población mayoritariamente negra, que quedó atrapada por el conflicto en Cali y llevó consigo a la ciudad sus tradiciones del Pacífico. Este intercambio de experiencias contribuye por sí solo a comprender que la cultura afroamericana es diversa, fuerte y resiliente, y que posee un rostro propio y juvenil. Para la Pastoral Afro, el objetivo principal es fortalecer en los jóvenes las propias raíces espirituales, el amor al prójimo y el orgullo por la identidad afro, con el fin de hacerlos menos vulnerables al conflicto y a alternativas violentas. https://www.youtube.com/watch?v=LZiMAbeMZpI&t=172s.

Para el año 2026 queremos fortalecer el trabajo por la paz, las juntanzas y las propuestas no violentas en la región. La violencia urbana en Cali y toda la región del es un enorme desafío. Esto demuestra, sobre todo, que el trabajo por la paz es más importante que nunca, no solo para la región, sino también para encontrar respuestas a las grandes cuestiones de la política global.

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