Organizaciones sociales, comunidades de fe, instituciones públicas y organismos internacionales, reconocieron la importancia de generar espacios de confluencia donde se construyan caminos comunes que fortalezcan las iniciativas de Paz que hoy asumen los desafíos frente a las violencias en los territorios. En un contexto de crisis social y humanitaria, el encuentro se consolidó como un ejercicio necesario de diálogo, reconocimiento y articulación.
El espacio, promovido por la Pastoral Social y el Observatorio de Realidades Sociales de la Arquidiócesis de Cali, busca animar una juntanza plural que reconozca los esfuerzos de distintos sectores en torno a la construcción de Paz con enfoque urbano y, a partir de ello, formular acciones colectivas para el cuidado de la vida y la dignidad humana.
Crisis del multilateralismo y reconfiguración del conflicto en Colombia
Durante la jornada se hizo un análisis de coyuntura que permitiera identificar cuáles son los escenarios de tensión, tanto locales como mundiales, que se están agudizando y colocan en riesgo la dignidad humana.
En el panorama mundial, se encuentra, por un lado bajo la incertidumbre de las guerras y por otro la crisis del multilateralismo el cual “permite que mínimamente todos los Estados y los gobiernos podamos vivir en Paz y garantizar una armonía global. Entrar en crisis el multilateralismo, significa entrar en crisis todo lo que podemos entender como civilización posmoderna”, comentó el padre Diego Guzmán, Vicario para el Servicio al Desarrollo Humano Integral, como parte de sus análisis en relación a la geopolítica.
Por su parte, la docente Inge Helena Valencia, respecto al conflicto en Colombia, planteó que hay una reconfiguración que representa la intensificación de la violencia en territorios rurales y urbanos y que además los actores armados están implementando unas formas de gobernanza sobre la población civil.
Sin embargo, para la profesora Valencia “es importante recordar que estamos viviendo otro escenario sobre lo que está pasando en nuestro país, sobre esas dinámicas del conflicto armado que no son las mismas de los años 90´s y sí han cambiado profundamente”.
En clave regional, es fundamental reconocer el estado de urgencia humanitaria y las afectaciones diferenciales del conflicto, que impacta de manera distinta a mujeres, pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes, produciendo exclusión persistente, discriminación y violencia intensa.
La Paz en las manos de las ciudadanías
Resulta clave visibilizar no solo las violencias presentes e históricas sino fortalecer las iniciativas de construcción de Paz que sostienen la vida en los territorios, acompañando los procesos, financiando sus apuestas y garantizando las condiciones de seguridad para el desarrollo de las mismas.
Frente a esta realidad, los procesos sociales siguen identificando que algunos de los principales desafíos son las intervenciones de corto plazo que no generan arraigo, ni procesos, además de una desconexión institucional con las comunidades, en especial de las dinámicas de las juventudes. La clave es pasar de lo urgente a lo estructural, apostando por procesos de largo aliento, con planes persistentes y construcción junto a las comunidades.
El horizonte político, ético y humano de las comunidades es desnormalizar la violencia y apostar por la Paz, partiendo de tres principios: la juventud no es el futuro, es el presente; la cultura no como adorno, sino como práctica viva, con y para las comunidades; y la justicia como una necesidad básica para dignificar la vida.
Para lograrlo, superar la fragmentación es clave, ya que cada organización trabajando desde su esquina debilita el impacto colectivo. En el encuentro, en el diálogo, se van encontrando las pistas que permitan hallar un camino común. El contexto de crisis colectiva pone en el horizonte profundizar en la articulación como una respuesta afectiva y efectiva.
Emprender el vuelo colectivo
Durante el encuentro, las voces de las y los participantes manifestaron como punto en común la necesidad de aunar fuerzas para continuar reparando los tejidos sociales, reconociendo y visibilizando las diferentes acciones de «Paz cotidiana» promovida por liderazgos sociales e institucionales.
Para lograr este fin, es necesario encontrar mínimos comunes para obrar desde los cuales se realice una sinergia social, superando los intereses individuales o grupales entendiendo que la Paz es un bien común y por ende, todos debemos aportar en ese propósito.
Dado que el primer encuentro realizado el 23 de enero tuvo como propósito el reconocimiento entre las organizaciones y el análisis de contexto, se continuará el trabajo para construir una agenda común el día 27 de febrero, proyectando que esta posibilite el encuentro y el trabajo colectivo por la transformación de realidades desde la incidencia social y política.



