En el marco del Día Internacional de los Derechos Humanos, presentamos nuestra 6ta edición de la Revista La Esquina como un ejercicio de memoria viva, de reflexión crítica y de compromiso ético con quienes día a día sostienen la dignidad en medio de contextos atravesados por desigualdades históricas, violencias estructurales y luchas comunitarias que insisten en afirmar la vida. Este trabajo recoge voces, territorios, experiencias y resistencias que brotan desde Cali y el Valle del Cauca, pero que dialogan con un país entero que busca transformarse desde las realidades que duelen y también desde las manos que sanan.
En un tiempo donde el panorama nacional parece fragmentado y las crisis sociales, políticas, ambientales y humanitarias se profundizan, emerge un mensaje que acompaña esta edición y que recorre todas sus páginas “Juntarnos es nuestra esperanza”, como la convicción profunda de que solo desde la construcción colectiva podremos abrir caminos de justicia social, proteger la vida, recomponer tejidos rotos y resistir a las múltiples formas de despojo, exclusión y violencia que afectan especialmente a mujeres, juventudes, comunidades étnicas, personas LGBTIQ+, población migrante y sectores empobrecidos.
Esta revista es, al mismo tiempo, una denuncia y una propuesta. Denuncia las realidades que vulneran los derechos humanos y evidencian un país que todavía no salda sus deudas de verdad, justicia y reparación. Propone, desde múltiples experiencias, rutas para caminar hacia la dignidad posible como los comedores comunitarios que sostienen la vida, mujeres que tejen resiliencia, procesos juveniles que reclaman existir sin miedo, comunidades que defienden el agua frente al acaparamiento, pueblos indígenas y afro que reivindican sus derechos en la ciudad, pobladores urbanos que disputan el territorio para que volver a la tierra no cueste la vida y personas victimizadas por la violencia estatal que caminan por verdad, justicia y memoria viva,
En este espíritu, acogemos las palabras del Papa León XIV, quien nos recuerda que “la paz debe ser desarmada, desarmarte, humilde y perseverante”. Una paz que se construye con la fuerza moral de quienes acompañan el dolor, defienden lo justo, cuidan la vida cotidiana y actúan con firmeza ante la injusticia. Una paz que desarma porque desactiva el odio; que es desarmante porque interpela y toca lo humano del otro; que es humilde porque nace de la solidaridad humana; y que es perseverante porque no renuncia a la esperanza aun cuando el camino es difícil.
Cada reflexión aquí reunida refleja ese llamado. Nos recuerda que la vida en dignidad es una tarea colectiva, una apuesta que solo puede sostenerse cuando nos reconocemos parte de un mismo cuerpo social, diverso y plural, que necesita de la solidaridad activa, de la justicia estructural y del encuentro entre quienes sueñan un territorio donde nadie quede atrás.
Hoy, más que nunca, afirmamos que defender los derechos humanos es juntarnos para que la vida sea posible.
#ParaLaPazTodo #ParaLaGuerraNada



