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“Trabajar por la Paz es un mandato de Cristo”: Padre Diego Guzmán, Vicario para el Servicio del Desarrollo Humano Integral

En el marco de un encuentro orientado a animar la agenda 2026 por la vida, la Paz y la democracia, Padre Diego Guzmán ofreció una reflexión central sobre el papel de la Iglesia en la construcción de Paz, frente a lo cual dijo: “la Iglesia siempre tiene que tener esa bandera de la Paz ahí en alto para invitar, exhortar a seguir trabajando por la Paz”. 

El espacio reunió a organizaciones sociales, comunitarias y pastorales de la Arquidiócesis de Cali, expresiones de fé, instituciones públicas y organismos internacionales, en un ejercicio de diálogo y reflexión frente a los desafíos del momento actual tanto a nivel local como mundial. Este encuentro busca crear una plataforma colectiva para promover el cuidado de la vida y de la prevención de violencias.

Como introducción a la jornada, Padre Diego hizo una reflexión sobre el papel de la Iglesia en la construcción de Paz, trayendo como parte de este compromiso, lo que significa el saludo que Jesús dirige a los apóstoles el día de la Resurrección: “La Paz esté con ustedes”. Esta frase, explicó Padre Diego, no es un gesto simbólico ni un simple deseo espiritual, sino una hoja de ruta para la acción cristiana. En ella se condensa una misión que atraviesa la historia de la Iglesia y que hoy adquiere especial relevancia en el propósito de trabajar de manera decidida por la Paz.

Apoyado en las disertaciones que hasta la fecha ha hecho el Papa León XIV, explicó que la Paz cristiana debe ser desarmada, desarmante, humilde y perseverante. Desarmada, porque implica renunciar a toda forma de violencia, incluyendo el lenguaje agresivo, los abusos de poder y las prácticas que degradan la dignidad humana. Desarmante, porque una actitud ética basada en el respeto y la fraternidad tiene la capacidad de desactivar la confrontación y generar condiciones para el encuentro. Y perseverante, porque la Paz no se construye de manera rápida ni lineal: exige constancia, coherencia y la decisión de insistir incluso cuando el contexto parece adverso.

Desde esta perspectiva, el padre Diego Guzmán fue claro al afirmar que la Iglesia nunca puede renunciar a su compromiso con la Paz. No se trata de una postura circunstancial ni de una opción ideológica, sino de un mandato de Cristo, de obligatorio cumplimiento. Por ello, aun en medio del desánimo, la polarización o la desesperanza, la Iglesia está llamada a mantener en alto la bandera de la Paz, a convocar al diálogo y a exhortar a la sociedad a no ceder ante la lógica de la violencia.

La reflexión se amplió al abordar los recientes mensajes del Papa al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, en los que el Pontífice, inspirado en San Agustín, propone una lectura del mundo actual como un cambio de época. Al igual que en el siglo V, tras la caída de Roma, hoy se asiste a una crisis profunda de los consensos internacionales, del multilateralismo y de las reglas mínimas de convivencia global construidas después de la Segunda Guerra Mundial.

En este contexto, el resurgimiento de la carrera armamentista y la pretensión de alcanzar la Paz mediante la fuerza evidencian un grave retroceso ético. Frente a ello, la Iglesia reafirma que no puede haber Paz verdadera fundada en la dominación o la confrontación, sino únicamente en el diálogo, la concertación y el reconocimiento del otro.

El encuentro, pensado como un espacio de articulación y proyección, subrayó la importancia de fortalecer la agenda 2026 por la vida, la Paz y la democracia, especialmente en un país que se encamina hacia escenarios preelectorales marcados por tensiones sociales y riesgos de violencia. 

La participación de organizaciones sociales, comunitarias, instituciones públicas y organismos internacionales,  puso de relieve que la construcción de Paz es un esfuerzo colectivo, territorial y cotidiano.

En tiempos de incertidumbre global y nacional, el mensaje del padre Diego Guzmán resuena con fuerza: trabajar por la Paz no es una opción secundaria, sino una responsabilidad ética y evangélica que compromete a la Iglesia y a toda la sociedad.

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